Cada una de las partes que forma el sistema tiene una función específica, pero para mantener el conjunto en funcionamiento unas dependen de otras, es decir, actúan de manera integrada.
Para poder analizar un sistema se hace necesario conocer sus componentes y las relaciones existentes entre esos componentes. Además, de esa forma se llega a conocer la estructura de ese sistema. De acuerdo a su origen, un sistema puede ser natural y artificial (hecho por el hombre) o híbrido (una combinación de los dos anteriores). Es así que un sistema natural puede ser representado por un lago, un río, una planta o un animal, un sistema artificial por una escuela, un automóvil o una computadora y un sistema híbrido por una central hidroeléctrica. Respecto de su funcionamiento, los sistemas pueden ser aislados , cerrados o abierto. Son aislados cuando su frontera o límite impide cualquier tipo de intercambio, ya sea de materia, energía, recurso o información. Por lo tanto, no reciben ningún recurso externo por ser herméticos a cualquier acción del ambiente. Un ejemplo de sistema aislado sería una reacción química que tenga lugar en un recipiente totalmente sellado. Un sistema es cerrado cuando su límite solo permite el intercambio de energía, por ejemplo, una olla a presión.
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